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divendres, 6 de desembre de 2013

NUNCA SEREMOS PERFECTOS

CAPÍTULO 26- MELANIE- ESTO ES… ¿QUÉ?

Ayer la noche acabó de una forma bastante extraña. Ni siquiera sabría definir qué fue lo que pasó después de la confesión de Max, porque simplemente no lo sé. No cruzamos palabra en lo que quedó de noche. De vez en cuando un “Sí” o un “No” a sus características preguntas triviales. Pero nada más. Yo mantenía mi mirada hundida en la pizza de cuatro quesos que me quedaba por comer. Pero no me supo bien, un regusto a culpabilidad me giró el estómago y se me quitaron las ganas de comer. Pero me la comí. Después de haber escogido lo más caro de allí no iba a dejar el plato lleno. La verdad es que me sentí muy culpable, y ahora me siento aún más.
Cuando suena el despertador, a las 6:00 de la mañana, no sé si quitarle las pilas, apagarlo o atrasarlo otros cinco minutos. Sin embargo, juntando toda mi fuerza de voluntad, consigo levantarme. Tampoco podía hacer esperar demasiado a Maia, que ya sé cómo le sienta que a las 6 de la mañana tenga que esperar. La verdad es que no sé por qué le dije ayer que quedemos una hora antes de lo normal para ir al instituto. No sé, la verdad es que quiero hablar de algo con alguien para dejar de sentir este sentimiento tan extraño. Tal vez también ha pesado en mi decisión el hecho de que Max se levante a las 7:00, a la misma hora que yo me despierto normalmente. Hoy no me apetece ni verle. Se me caería la cara de vergüenza de las cosas terribles que le dije… Bueno, ya se me está cayendo ahora. Su historia, cierta o falsa, me ha hecho reflexionar y ahora lo entiendo todo un poco más. Tal vez antes estaba cegada ante la posibilidad de que mi madre tuviera un novio estable. O tal vez porque últimamente mi cabeza está llena de cosas que, absurdas o importantes, no me dejan ni respirar.
A las 6:15 salgo de mi casa con cinco galletas de chocolate en la mano. Como por el camino para no pensar demasiado. Todo esto se me hace grande. Y ahora está lo de Max, que tengo que empezar a quererlo como un nuevo “padre”.  Cuando llego, Maia todavía no ha llegado. Perfecto, ahora me tocará esperar a mí. Me siento en el banco y hundo mis manos en los bolsillos de mi sudadera con el fin de que se calienten un poco. El aire me revuelve el cabello y hace tiritar mi cuerpo. Tan concentrada estoy en el frio que tengo que no me doy cuenta de que alguien se sienta a mi lado. Cuando me toca el hombro, suelto un suspiro. Por fin, Maia.
-          Si que has tarda…- Digo, girando la cabeza hacia la izquierda.
Pero no, no es Maia. Y no sé qué frio es peor, si el que lleva el aire o el que me transmite la persona que tengo delante de mí.
-          Alex…- es lo único que consigo pronunciar con la sorpresa aun reflejada en el rostro.
Él, a diferencia de yo, no parece nervioso ni vergonzoso, sino más bien ansioso por decirme lo que me quiera decir.
-          Melanie, por favor, no te vayas antes de explicarte lo que te necesito explicar.
No me muevo del sitio. No sé si quiero escuchar, pero aunque no quisiera tendría que quedarme, pues soy incapaz de moverme del sitio, perdida en sus ojos. Él, ese silencio, lo interpreta como que puede seguir hablando.
-          Mira, aquella vez no te ayudé a levantarte porque… no sé, no sé por qué hice eso. La verdad es que soy un poco estúpido a veces. Pero es que yo sólo quería olvidarte porque sufría viéndote y no pudiendo estar contigo. Y pensaba que así dejaría de dolerme tanto. Pero me duele aún más…- explica, tan rápido que tengo que concentrarme para poder entenderlo- Y lo de ayer… Joder, ayer te juro que fue el peor día de mi vida. Sé que me vistes allí mirándote mientras Axel te salvaba. Y sé también que estás enfadada por no haberte ayudado yo. Pero tampoco me dio tiempo, porque Axel te salvó al momento de intentar matarte y…- De repente deja de hablar y se crea un silencio junto a su mirada, que me mata. Parece abatido y desanimado. Su estado de ánimo ha cambiado absolutamente desde sus primeras palabras. Tal vez se da cuenta de las cosas mientras las dice, y también de lo verdaderamente gilipollas que ha sido estos días- No importa. Ya no importa nada. He sido un estúpido todo este tiempo, soy un estúpido. Debí luchar por ti y en cambio me he escondido tras una esquina mientras contemplaba cómo te perdía. Lo siento. No quería molestarte.- Acaba mientras se levanta, con la peor cara que le he visto en mi vida.
Aunque tiene razón, estoy un poco enfadada por no intentar ayudarme, le agarro de la muñeca con fuerza para retenerlo aquí. No soy yo quien lo hace, sino mi instinto, mi corazón. No, no quiero que se vaya. Él me ha perdido antes, pero yo ahora no quiero perderle a él.
Lo miro. Le sonrío. Me sonríe. Y se va. Y esta promesa muda sí que estoy segura de que la cumpliremos los dos lo antes posible.
Mientras espero a Maia en el banco se me hielan las manos de nuevo. Ya no tengo tantas ganas de hablar con ella. Sí, sigo sintiendo que soy una mierda, pero no quiero que pregunte por esta sonrisa tonta que ha aparecido en mi cara y que no puedo hacer desaparecer. Aunque tampoco quiero.

divendres, 18 d’octubre de 2013

NUNCA SEREMOS PERFECTOS

Capítulo 25- Bel- ¿Y sobre mí?


Lo que ha pasado hace unos instantes no sabría cómo clasificarlo. Como algo maravilloso tal vez. O algo tan extraño que ni siquiera sabría explicar cómo ha podido pasar. Las palabras de Melanie han sido tan… bonitas… Y más extraño es el sentimiento que me recorre ahora mismo… Es como si en todo el bar sólo existiera yo, por un momento, la primera vez en toda mi vida, existo tan sólo yo. No escucho a nadie, mis sentidos no van dirigidos a nadie, sólo a mí. Es extraño, un hormigueo me hace cosquillas en la barriga y no puedo parar de sonreír para adentro. Casi me olvido de que tengo el ordenador ahí y que en teoría tendría que seguir con mi proyecto. Y cuando me doy cuenta, lo guardo de nuevo. Ahora no tengo ganas de hacer eso, no tengo ganas de inspeccionar sus vidas. Aunque lo que haya pasado ahora me daría para unas largas líneas, prefiero dejarlo para más tarde. Ahora sólo quiero sonreír i pensar en lo que ha pasado en el baño. No en lo que ha pasado cuando ha entrado Axel y ha empezado esa discusión de la que sólo ellos sabían de lo que hablaban. Sino antes. En esa frase de apoyo y de amistad que me ha dicho Melanie. En como mi corazón a latido de una manera imparable en mi pecho. Esas mariposas que han estado volando, y siguen volando, por mi estómago. Es un sentimiento tan bonito y tan… extraño… Noto como mis ojos brillan y mis mejillas se sonrojan. No sé lo que está pasando. Pero me encanta. Y me confunde. Porque sé que no es amistad, sino que va más allá que un simple acto de afecto por pena.

divendres, 27 de setembre de 2013

NUNCA SEREMOS PERFECTOS

Capítulo 24- Melanie- Estoy aquí

-          Cualquier cosa que necesites, estoy aquí, Bel. Sé lo que has pasado. Y ahora ya me da igual todo. Sólo quiero hacer lo que sea mejor para todos.
La miro a los ojos para que sepa que lo que digo es de verdad, y no una mentira más como las que escucha cada día. Porque ahora sé que mis amigas van a estar ahí, y ya no me importa lo que los demás piensen de mí. Después de lo que ha pasado en la hora del recreo, sé lo que se siente ser la nada, y sé que si a mí no me importa lo que digan los demás nunca seré esa nada, porque yo soy algo porque quiero ser algo. Es difícil de explicar, pero todo lleva al mismo sitio, quiero ser yo. Y quiero darle una oportunidad a esta chica que tanto ha pasado. Pero no me responde. Simplemente me sonríe. Y aunque sé que eso es un sí mudo, me gustaría que me lo dijera, que empezara a confiar en mí. Pero nada. Y a mí ya no me queda tiempo. Tengo que volver ya.
-          Me tengo que ir, Bel. Me esperan. Pero ya sabes, cuando quieras. Hasta mañana.- Y me despido con la mano, un poco deprisa porque se me está haciendo tarde.
Salgo del lavabo y me dirijo a donde están… ellos, sin mirar hacia ningún lado, sin querer encontrarme con la mirada de Axel.
Cuando llego a la mesa donde está mi hermana y Max no me preguntan nada ninguno de los dos. Simplemente me siento y empiezo a comer. Por fin han traído ya la pizza. Como sin mirar a nadie. Sin embargo, mi hermana me mira la cara. Y también noto como me va lanzando miradas Max. Pero yo sigo comiendo. Cuando voy por el segundo trozo, decido que se acabó esta incertidumbre. Quiero saber con quién voy a vivir, y si me ayuda a odiarlo más, mejor.
-          ¿Y cómo conociste a nuestra madre?- le pregunto sin mirarle a los ojos. Él tampoco lo hace cuando me responde.
-          Nos conocimos por internet. Estuvimos casi un mes hablando, y… nos enamoramos. Ninguno de los dos sabía la edad del otro antes de enamorarnos, si eso es lo que te preocupa. Ni siquiera sabía su aspecto. Entonces decidimos hace cuatro días vernos en la vida real. Y la edad no me importó, y a ella tampoco.
No muestro ninguna expresión. Sigo comiendo mientras pienso en la próxima pregunta. Ahora sí que noto su mirada fija en mi cara, pero sigo sin devolvérsela.
-          ¿Y porque te quedas a vivir en nuestra casa?
Tarda un poquito más en responder a esta, pero no tiene pelos en la lengua al final.
-          Hace unos meses que estoy sin trabajo. Tu madre no lo sabía hasta ayer. Y lo siento si te ha molestado. Pero es que no sabía que hacer ya. Mis padres murieron hace dos años, por eso empecé a pasarme por ese tipo de páginas de internet, para encontrar un tubo de escape, aunque encontré un verdadero amor. Pero tenía cinco meses de alquiler sin pagar y estaban a punto de echarme. Y tu madre se ofreció a dejarme dormir en su casa durante un tiempo. Aunque no te preocupes, encontraré un trabajo pronto- Y estas últimas palabras las pronuncia muy bajito, y puedo notar la vergüenza en ellas.

Lo miro. No, esto no me ha ayudado nada a odiarlo.

diumenge, 22 de setembre de 2013

NUNCA SEREMOS PERFECTOS

Capítulo 23- Bel- No saber para hacer.

La verdad es que no sé porque hago esto. Tal vez sea para que así la próxima vez que quiera pegarme se acuerde de este favor que le estoy haciendo. Pero no, no es por eso. Seria por eso si yo fuera alguien dentro del Patrón, porque es algo que haría alguien de dentro. Intentar caerle bien a tu atacante con la esperanza de que le caigas en gracia y te deje en paz. Pero nunca te dejan en paz. Hagas lo que hagas, incluso intentar ser amable con él demuestra que eres débil y que le temes. Así que no, yo no hago esto por eso, porque sé que nos serviría de nada. Yo lo hago para conocerlo mejor, para ver si así consigo averiguar esos secretos que esconde, o al menos ver su verdadera personalidad y no la que hace ver cuando esta con sus amigos. Pero de momento nada. No le miro a la cara. Me concentro en la herida e intento recordar todos los trucos de maquillaje que comentan las chicas en el lavabo. Simplemente me baso en la “base” que se echan en la cara e intento que sus nudillos queden igual de lisos. Como si quisiera tapar un grano, la única diferencia es que en este momento estoy tapando un crimen que le podría causar serios problemas.
Él tampoco dice nada. De vez en cuando aprieta más el puño cuando le toco la parte más roja con el pincel. Pero eso es bueno. No dice nada, no me insulta y ni siquiera se queja. Eso indica que no quiere arriesgarse a que me harte y me vaya. Tiene que ser algo muy gordo para que se comporte así. Me encantaría preguntarles que ha pasado, pero mejor no me meto en esto porque podría salir perjudicada. Y no quiero que empeore mi situación social, que prácticamente es cero.
Cuando ya han pasado unos cinco minutos en este silencio tan incómodo y yo ya voy por la segunda mano, Axel decide atar algunos cabos sueltos, haciendo como si yo no existiera.
-          A ver, Melanie, ¿Por qué me has enviado una solicitud de amistad en Facebook si te he dicho CLARAMENTE que no quiero saber nada de ti en todo mi pu-ñe-te-ra vida?- dice, con una rabia reprimida en sus palabras que me intimida.
Miro a Melanie por el rabillo del ojo. Lo está mirando, con cara de póker. Pero de seguida recobra la expresión y le responde lo más tranquila que puede.
-          Porque quiero arreglar esto que pasa entre nosotros. No sé qué te pasa conmigo, pero quiero arreglarlo lo antes posible para no tener que estar vigilando por donde va a venir el siguiente golpe. Y sabes que si hay un siguiente se te va a caer el pelo. Pero tampoco quiero un siguiente de otras personas. Así que quiero arreglarlo para que no haya más malentendidos- explica Melanie, de manera neutral.
Sin embargo, a Axel le cuesta más esconder sus emociones, por no decir que las muestra con exageración. Su cara se empieza a poner roja y la vena de la sien se le marca un poco. Retiro un poco el pincel para que no salga volando cuando retire la mano. Pero, aun así, cae al suelo cuando me aparta de en medio. Se acerca a Melanie un poco, aunque un metro de racholas marrones los separa.
-          Que te quede claro, hija de puta, tú has sido el mayor error de mi vida. Con tu gilipollez de ser yo mismo acabé siendo el jodido pringado gay que sólo tiene una amiga. Pues no, guapa, porque yo no soy así y ahora tengo lo que siempre he querido, lo que des de hace tiempo debería haber tenido: amigos de verdad, y muchos. Ser yo el que saca las modas y no el que intenta seguirlas sin conseguirlo. Y tú sólo me quieres joder ahora que soy lo que soy. Pero yo te voy a dejar muy clara una cosa: no me vas a volver a arrastrar a ese asqueroso mundo “bonito y libre” en el que tú vives, porque esa no es la realidad. Así que déjame en paz de una puta vez y olvídame.
Las palabras de Axel pasan como una exhalación por mis oídos, tan rápido que me cuesta recibir toda la información. Aunque parece que Melanie no se ha perdido detalle de sus palabras. Se queda muda, mirándole a los ojos como si estuviese en una nada absoluta, como hipnotizada. Pero sus palabras salen aun así, y a pesar de su mirada perdida en los ojos del chico, suenan altas y claras, y con más significado que nunca.
-          Ya veo… No eres tú el que has cambiado ahora, sino que ahora eres lo que siempre has ocultado. Bien, es bueno saber que tu mejor amigo de toda la vida ha sido tan sólo un mentiroso a tu lado. Pero recuerda mis palabras: esos tantos amigos que tienes te dejaran tarde o temprano, y yo estaré ahí, pero será demasiado tarde cuando veas con ojos verdaderos este mundo.
Para Axel, según su cara, esas palabras son ridículas y el único efecto que causan en él es una risita divertida. Pero al menos no le pega otra vez. Supongo que no se puede arriesgar a que se le quite el maquillaje de la mano y lo pillen sus padres al fin. Pero se va, con media mano sin pintar, aunque no creo que tenga problemas si en toda la noche consigue ocultar esa mano. Pero ahora sólo quedamos Melanie y yo. Axel se acaba de ir dando un fuerte portazo en la puerta, que ha producido un silencio absoluto en el lavabo. Me acerco a Melanie y acabo de darle los últimos retoques a su maquillaje. Al final, perfecto, casi no se ven las heridas, aunque se nota que tiene bastante maquillaje en la cara y algunas zonas de ella hinchadas. Cuando acabo, ya no hay nada que mantenga ocupada mi cabeza y entonces me asalta la duda. Y tengo que preguntar si no quiero morir de curiosidad. Además, lo necesito para mi investigación.
-          ¿Por qué me has hablado en Facebook? Normalmente la gente no suele hacer eso conmigo…- No consigo sostenerle la mirada y la bajo al suelo.
-          Porque quiero conocerte. Las flores más ocultas son las que más tienen. Y quiero que sepas que no estás sola del todo.

Sus palabras no me hacen que la mire a los ojos, no podría, me da mucha vergüenza. Pero sí hacen que saque la sonrisa más sincera de toda mi vida.

divendres, 13 de setembre de 2013

NUNCA SEREMOS PERFECTOS

Capítulo 22- Axel- Atado a mis errores

Si tengo la cabeza gacha más tiempo me va a dar un calambre, y van a sospechar. Pero… ¿qué voy a hacer? Tengo los nudillos rojísimos y pronto aparecerán cardenales. Es imposible que no se den cuenta cuando vaya a comer. Dios… Joder, ¿por qué he sido tan estúpido? Tendría que haberles dicho que no, que no me parecía bien venir a cenar hoy. O haberme traído guantes. O yo que sé. Cualquier cosa. Pero ahora estoy aquí. Y tengo que hacer algo. Necesito tiempo para pensar.
-          Emm… voy un momento al baño. Si viene el camarero pedidle lo que queráis, no me importa-digo mientras me levanto, con las manos en los bolsillos del pantalón.
Empujo a todo el mundo que me corta el paso. Joder, ¿no se pueden quedar quietos en sus asientos? No, tienen que levantarse a sacar tabaco de la maquina (donde hay una cola de unas cinco personas), pedir una estúpida bolsa de patatas, otra cerveza, y mil cosas más que podrían pedir desde su mesa. Joder… Estúpida gente…
Pero bien, al fin llego. Abro la puerta y no me molesto en cerrarla. Entro en el baño donde hay un señor dibujado. Aprieto el botón del grifo y seguidamente sale un chorro de agua. Pongo el puño derecho bajo él. Y ahogo un grito de dolor. Me escuece, y la presión del agua no ayuda mucho. Mejor la aparto y me voy echando agua más lentamente. Sí, así duele menos, pero no veo ninguna mejora. Bueno, sí, la herida está más limpia, pero eso hace también que se vea más roja. Mis nudillos están al rojo vivo, y el simple contacto con el aire hace que me escueza. Joder, ahora sí que no puedo hacer nada. Salgo del baño, el olor que había allí dentro mezclado con este problema monumental que tengo, me empezaba a marear. Me quedo en el pasillito de los lavabos unos segundos, en los que pienso… en nada. Porque no hay solución. Dios…, como se enteren que he pegado a Melanie voy a un internado pero ya. Me lo advirtieron, y esa advertencia me está golpeando los nudillos como burla. JO-DER.
Doy unos cuantos paseos por aquí, sin salir por completo del baño. Y no veo solución. Cuando llevo dos vueltas dadas le doy una patada a la puerta del baño de señoras por mi frustración. Al principio me siento mejor, con eso he conseguido quitarme parte de la tensión que tengo acumulada. Pero cuando la puerta se abre, ruidosamente, y veo a las dos últimas personas a las que me gustaría ver ahora mismo, me arrepiento y mucho. Hoy la suerte me está dando una buena patada en el culo.
-          ¿Qué hacéis vosotras aquí?
Se quedan calladas. Paso la vista por encima de ellas. Anibel no puede hablar, tiene demasiado miedo. Y a Melanie la he pillado por sorpresa, y supongo que en este momento le estarán viniendo a la mente las imágenes de lo que ha sucedido antes. Que estúpida. En estos meses que llevamos en el instituto he aprendido que el pasado es el pasado, y que hay que machacarlo hasta conseguir destruirlo y olvidarte de él. Y ella debería aprender eso también.
Al final, cuando el silencio se hace incomodo, decide hablar Melanie.
-          Y tú, ¿qué haces aquí?- pregunta con una monotonía en la voz que, si no lo supiera, pensaría que es un robot.
Pero yo eso de que me vacilen no lo tolero.
-          Lo he preguntado yo primero, así que respondes tu primero. ¿No te dije que no te quería volver a ver en mi vida?
Y, como siempre, gano yo. Aunque no me gusta el tono que Melanie utiliza. ¿Quién se cree que es?
-          He venido a comer con… la familia. Eso está claro, ¿no? Eres tú el que tiene que dar explicaciones del porqué has golpeado la puerta de esa manera. Ah, y que yo sepa no tienes ninguna orden de alejamiento contra mí. Más bien tendría que tenerla yo contra ti.
Flipo con la tía esta. Pero decido ignorar eso último, porque tiene razón.
-          ¿Qué yo tengo que darte explicaciones a ti? ¿Pero quién te crees que eres, chavala?
No responde, al menos no con la boca. Pero me escruta con la mirada, buscando algo que le dé su respuesta. Y la consigue rápido. Supongo que habrá sido por mi intento de meter las manos en los bolsillos lo antes posible. Pero el roce con la tela no lo toleran mis nudillos.
-          Entiendo. ¿No quieres que tus padres se enteren de que has estado a punto de matarme?- Y en su rostro aparece una sonrisa de satisfacción al ver que ha acertado de pleno.
Me quedo callado. La miro con odio, odiando que sea tan inteligente. Bel sigue ahí, observando la situación. Esta tía me pone enfermo.
-          Tranquilo, yo tampoco quiero que se enteren- sigue hablando-. Por eso he venido aquí y tengo un estuche lleno de maquillaje. Les he dicho que me he caído. Así que más te vale que escondas esas heridas o te inventas otra víctima. Pero a mí ni me menciones si no quieres que te denuncie.
Habla con una seguridad que casi me hace vomitar en su cara. Me habla como si fuésemos iguales, y no. Yo soy mucho más superior a ella. Aunque tiene razón. Y esa amenaza me hace pensar. Podría hacerlo y mis padres se enterarían de todo.
-          Vale, déjame esas pinturas.
-          Mejor que te pinte Bel. Lo hace mucho mejor que yo. Ya me ha tapado algunas heridas y no hay ni rastro de ellas.
-          ¿La guarra esta? Pues no sé qué pintará porque su cara no.
Bel se acerca a mí con la única seguridad de tener a Melanie a su lado.
-          Observo mucho. Y sé cómo se hace-susurra sin mirarme a los ojos.
Coge un botecito marrón del estuche de Melanie.

-          Esto te va a doler bastante.

dimarts, 3 de setembre de 2013

NUNCA SEREMOS PERFECTOS

Capítulo 21- Melanie- El silencio de las casualidades

-          Me caí mientras iba para casa, y como tenía las manos en los bolsillos amortigüé el golpe con la cara. Eso es lo que ha pasado. Quería curarme las heridas y maquillarme un poco antes de venir, pero con toda esta mierda no me ha dado tiempo, ¿de acuerdo?
Max se queda paralizado. Mi hermana nos mira, sin saber que decir y en medio de una conversación en tensión.
-          Ah, bueno- dice al fin Max con un tembleque en la voz, nervioso y mirando hacia la mesa-, pensaba que tenías algún problema con algún compañero de clase y…
-          Que vas a saber tú de mí.-Y entonces sí que me mira, con los ojos llorosos y con una cara de cachorrito que enmudecería a cualquiera, pero no a mí ahora- No me conoces. Si lo hicieras sabrías que tengo unas amigas geniales, y que nos apoyamos mutuamente. Si me conocieras tan sólo un poco sabrías que a mí eso de meterme en la vida de la gente sólo para joder no me va. Así que no inventes hipótesis si no sabes nada.
Cuando acabo de hablar deja de mirarme. Se mira sus pantalones, aunque no los ve, tan sólo piensa. Aprieta los labios y apoya los codos en la silla para entrelazar sus dos manos. En ese momento en el que está distraído, aprovecho para preguntarle a mi hermana:
-          ¿Has traído tu maquillaje?- aunque sé que es una pregunta estúpida, la respuesta es más que evidente.
-          Claro.- Y saca un estuche de pinturas de su mini-bolso.- Ten.
-          Gracias.- Le sonrío.
Lo cojo y me levanto de la silla de nuevo. Ahora esquivar a la gente es más fácil, pues ya me he acostumbrado un poco. Entro al pasillo que da a los lavabos y prácticamente corro por él hasta llegar al baño de señoras. Abro la puerta y enciendo el grifo de inmediato. Me lavo la cara y después las heridas por separado. No sé si será bueno echarme maquillaje sobre ellas ahora que no están ni curadas ni nada. Pero no tengo otra opción si no quiero que Max siga sospechando. Es increíble cómo ha averiguado lo que pasa en realidad. Menos mal que le he quitado esa idea de la cabeza de inmediato al capullo ese.
Cuando me toco las heridas me duelen, todavía no han cicatrizado y están al rojo vivo, así que echarme maquillaje en ellas será difícil. Aun así abro el estuche de mi hermana y empiezo a sacar todo lo que tiene ahí. Me quedo impresionada al ver que tiene mejor maquillaje que yo. Bueno, contando con que yo no tengo casi maquillaje, tan sólo rímel y lápiz de ojos que nunca lo utilizo, no es muy difícil tener mejor maquillaje que yo.
Cojo un poco de base y me echo por toda la cara. Después… ¿Qué hago después? Joder, no sé nada sobre esto… Cojo todas las cosas y me siento con ellas en el suelo. Pienso en silencio. ¿Qué sería lo mejor para tapar las heridas? Buf… Ni idea.
Alguien abre la puerta. Al verme, vuelve a cerrarla y se va. ¿Qué habrá pensado de mí? Bueno, eso ahora me importa poco. Ahora mismo sólo necesito…
Se abre la puerta que da al váter. ¿Había alguien ahí dentro? Pero…
-          ¿Bel?-Abro mucho los ojos, impactada al ver el poder que tienen las casualidades.

-          ¿Melanie?- susurra ella, igual de impresionada que yo.

NUNCA SEREMOS PERFECTOS

Capítulo 20- Bel- La vida me la devuelve

Mis manos tiemblan, y como si fuese una reacción en cadena, el resto de mi cuerpo también lo hace. Y me empiezo a marear. Miro hacia todos lados y sólo escucho un ruido que intensifica su volumen por segundos. Sólo mil voces que se acumulan en mis oídos y no me dejan pensar. La gente que pasa a mi alrededor adopta una forma rara, se deforman y se convierten en miradas asesinas. No puedo más. Me levanto. Y todo el suelo da vueltas, y me tengo que apoyar en la mesa para no caerme. Me llevo la mano izquierda a los ojos y los cierro. Cuando el suelo deja de moverse un poco avanzo un paso. Y vuelve a moverse tan rápido como antes. Pero no detengo mi caminar. Voy dando traspiés, sujetándome a las sillas y mesas de la gente y pronunciando algo que se parece a “lo siento” y “perdonen”. Las miradas se multiplican y ahora me insultan también. Pero por fin, de seguida, encuentro la puerta del baño. Me apoyo en el pomo durante unos segundos para recomponerme, sin mucho resultado, y abro la puerta a medias. Voy caminando arrastrando los pies por el pasillo del lavabo. Dejo caer el cuerpo en la pared para no caerme. El barullo de voces ya se ha ido, aunque todavía sigue moviéndose el suelo.
Encuentro la puerta donde hay una señora dibujada. Estiro y veo la pica. Me abalanzo sobre ella, aprieto el botón del grifo y empieza a salir el agua. Me remojo la cara, la nuca y un poco los brazos. Me encuentro mejor, aunque el mareo sigue todavía ahí. Doy dos pasos hacia mi izquierda y abro la puerta que da a un pequeño sitio donde sólo hay un lavabo. Y me siento en la tapa. Pongo las manos en la cara, de manera que también pillo un poco de pelo, y me limito a respirar. Inspirar. Espirar. Inspirar. Espirar. Así durante unos cinco minutos. Y me voy dando cuenta que ya no estoy tan mareada. Hasta que el suelo se para y me encuentro perfectamente. ¿Qué me había pasado? Supongo que el ruido, la gente por todos lados y todo eso… No estoy acostumbrada a todo esto, nunca había estado con tanta gente y tanto ruido. Y estando tan tensa y con tantas cosas en la cabeza como tengo últimamente, supongo que no ha ayudado mucho. Tendré que relajarme un poco si no quiero que me vuelva a pasar.
Me levanto. Escucho que la puerta del baño se abre. Me vuelvo a sentar. Escucho el agua salir del grifo. No estoy dispuesta a salir ahora y que me mire mal por ser la chica loca que antes parecía que estuviese borracha. No, eso no me tranquilizaría. Al contrario, me pondría mucho más nerviosa. Así que no pienso salir hasta que salga ella. Aunque tenga que estar aquí horas.

Y empiezo a esperar. Y esperar…

divendres, 23 d’agost de 2013

NUNCA SEREMOS PERFECTOS

Capítulo 19-Melanie- Los problemas insisten en quedarse.

El camarero se va y no noto ninguna diferencia en la cara de Max. Se crea un silencio incómodo, al menos entre él y yo, porque mi hermana juega tan tranquila con los palillos que hay en un vasito en medio de la mesa. Me cruzo de brazos y lo miro. Eso lo incomoda más. Aunque de seguida me arrepiento de haberlo desafiado, pues su forma de romper el hielo es peor que el silencio.
-          ¿Queréis ir mañana a cenar al McDonald’s?- pregunta mirando a mi hermana, y a mí por el rabillo del ojo.
Laia abandona los palillos rápidamente y se vuelve hacia él, con una sonrisa de oreja a oreja y riendo.
-          ¡Sí! ¡Yupiii!- exclama feliz.
No respondo. Él ya sabe mi respuesta y yo ya sé que vamos a ir de todos modos. Así que no hay nada que decir.
Mi hermana sigue con su juego, ahora más feliz. Y Max la mira, satisfecho de lo que ha conseguido. Ya está, ya se ha ganado a mi hermana. Pero yo no voy a ser tan fácil como ella. Porque sé que esto es pasajero y que sólo se quiere aprovechar de mi madre. A mí no me engaña nadie de esa manera.
Poco después el camarero viene de vuelta con las bebidas. Me sirvo un poco de coca-cola en el vaso, le doy un sorbo y me levanto.
-          Voy al lavabo, ahora vengo.
Y me doy la vuelta, ignorando el “Vale” de Max. La verdad es que no podría soportar pasar tanto tiempo con él hasta que nos trajeran la comida. Así al menos puedo despejarme un poco y hacer tiempo hasta entonces. La gente pasa a mi alrededor e intento no empujarla. Aunque me resulta difícil no hacerlo si quiero llegar de una vez al lavabo, que está al final del bar. Cuando llego por fin, abro de golpe la puerta, con tanta fuerza como mi brazo me permite. Noto como le doy a alguien, escucho su quejido y el golpe que se da al caer al suelo. Lo ignoro, ahora no estoy para ayudar a nadie. Nunca he estado así, tan enfadada e irritada como hoy. Y estoy deseando que se me pase, cosa que no va a pasar mientras Max esté cerca. Camino por el corto pasillo hasta llegar a la puerta donde hay una señora dibujada. Entro y cierro. No me siento en el váter, no tengo ganas de mear. Sólo me apoyo en la pica y me miro al espejo con las cejas fruncidas. Le doy al botón para que el agua del grifo empiece a fluir y me lavo la cara con ella. Me seco el rostro con las manos y sigo apoyada en la pica y mirándome.
Así hasta que pasan unos doce minutos. Cuando salgo la persona a la que le he dado el golpe ya no está. Mejor, no quiero más problemas de los que ya tengo. Ahora mismo sólo deseo que esté mi pizza cuatro quesos en la mesa y pueda comer tranquila, ignorando y olvidando a Max por un instante. Pero cuando llego a la mesa no es eso lo que me encuentro. Me siento en la silla. Y es Max el primero en hablar.
-          ¿Qué es eso de la ceja? ¿Sangre? Y tienes el labio hinchadísimo, Melanie. Tu madre y yo nos hemos dado cuenta antes, aunque no hemos querido decir nada porque ya era una situación difícil. Pero estás fatal, Melanie. ¿Es eso un cardenal lo de detrás de la oreja? ¿Qué te ha pasado, Melanie?

Mierda. Con todo esto me he olvidado completamente de la paliza de Axel. Dios… Ahora sí que la he cagado…

NUNCA SEREMOS PERFECTOS

Capítulo 18-Bel- Esperar


Leo un par de veces el mensaje. Bueno, la verdad es que más que un par es un millón de veces. “Hola”, es lo único que dice, pero no deja de sorprenderme. Contando con ella, tengo dos amigos en Facebook. Y el otro es mi padre, que insistió en que aceptase la solicitud para “tenerme vigilada y ver lo que voy haciendo por ahí”. Es una tontería, aunque él tampoco se conecta nunca. Pero aun así me entristece. A veces me entristece no ser como los demás. Pero esto también me gusta, tiene su parte buena, aunque sea pequeña.
Decido no responder ahora, pues con mis hermanos me resultaría imposible tener una conversación “decente” y después me tendría que ir, y no pillaría el wi-fi de casa. Así que mejor espero a mañana. Aunque estoy deseando hablar con ella… Tal vez las cosas cambien.
Y ahora espero.
Espero a que mis hermanos se calmen.
Espero a que Josep pare de llorar porque tiene miedo.
Espero a que la maldita PSP de Jack se quede sin batería. Maldita sea la vez que tuvimos dinero…
Espero a que mi padre llegue de su trabajo.
Y llega. Menos mal. Solo tenía que hacer una hora y media de más.
Escuchar el tintineo de las llaves al chocar contra la cerradura se vuelve música para mí ahora mismo. Suspiro. Por fin, ya está… Al menos tendré un poco de tiempo para mi trabajo.
-          Ya estoy aquí, chicos. ¿Me habéis echado de menos?- La sonrisa en su rostro engaña a mis hermanos, per sus ojos cansado lo delatan.
Trabaja mucho, muchísimo. Como mínimo hace diez horas al día, sin contar las horas extras que tiene que hacer casi a diario. Hoy sólo ha sido una hora y media, pero otras veces son dos o incluso tres horas más. Pero ni así nos llega. Y a pesar de que juegue con sus hijos, esté siempre tan animado e intente ocultar todos los problemas detrás de su espalda, yo sé que nada va bien, que esto se le hace grande. Y por eso intento ayudarlo en casos como este. Aunque no estoy todo el día pendiente de él, pues tiene que entender que él mismo se lo buscó. Apechugando con las consecuencias es como más se aprende. He visto muchos casos de esos, y son muy efectivos, la verdad.
Corro hacia mi habitación, meto el portátil en una mochila de plástica con cuerdas azul, bastante desgastada, y vuelvo al pasillo. Veo como mis hermanos se acercan a mi padre a saludarlo y a pedirle que se anime a unirse a la partida. Yo, sin embargo, paso, me despido en silencio y salgo por la puerta.
Es una noche fría. Con un viento que viene del norte que te deja helado. Me subo más la bufanda y me apresuro. Hay poca gente en la calle. Y los que hay caminan rápido, con un destino concreto en mente, ansiosos por llegar lo antes posible y abandonar este frio que encoge los músculos.
Con tantas prisas y con la bufanda que casi me tapa los ojos, no me doy cuenta de que la cafetería a la que suelo ir siempre, está cerrada. Abro mucho los ojos y me acerco aún más a ella. Hay un cartel enganchado en la persiana que tapa el local. Lo leo.
«Cerrado por defunción»
Aprieto los labios. Me cuesta reprimir las lágrimas. Y no lo hago. Imagino cómo lo estará pasando Claudia, la propietaria de la cafetería… Siempre se porta muy bien conmigo. Es una chica fantástica, muy dinámica y alegre. Me cuesta imaginarla triste y llorando, encerrada en su casa…
Dejo atrás el local, secándome las lágrimas, pues el aire que me empuja es como un cuchillo sobre mi mejilla mojada.
Paseo un rato por la misma avenida en la que está la cafetería de Claudia. Pensando en todo y en nada, fijándome en los bares para escoger cual es el mejor. Pero todos están abarrotados de gente. Me gusta trabajar con un poco de silencio, tranquilidad, y todos tienen un ambiente tan “bueno” que lo hacen malo. Sí que tiene la gente dinero… No hay bar que no deje a su paso un barullo insoportable. Pero tengo que elegir. Esta es una búsqueda sin sentido y como tarde mucho más no me va a quedar tiempo para nada. Miro la hora. 21:45. Se me acaba el tiempo.  Así que decido sentarme en el siguiente bar que encuentro. Bueno, al menos lo que encuentro no es un restaurante ni un bar con hombres pegados a las cervezas. Es como más informal, sin pasarse, algo juvenil. Aunque hay gente de todas las edades, y también está abarrotado.
Al entrar paso totalmente desapercibida. Andar por aquí es casi imposible. Es grande, pero hay gente por todos lados. Caminan hacia su mesa. Se acercan para comprar una bolsa de patatas chips. Se van. Vienen. Salen a fumar. Entran de fumar. De todo. Y encontrar una mesa me resulta casi imposible. Pero en una esquina del local, como si estuviese echa para mí, hay una mesa pegada a la pared con una silla negra. Resulta satisfactoria encontrarla, pero me aplasta la cruda realidad. Me acerco rápido a ella para que no se me adelante nadie. Me siento y observo a la gente. Todo el mundo está animado, charlan, ríen, y hacen bromas. Nadie está sólo. Aunque, una vez más, antes de que consiga deprimirme eso, saco mi portátil y lo empiezo a encender. Un camarero se me acerca.
-          ¿Qué va a tomar, señorita?- Escuchar “señorita” me saca una sonrisa.
-          Café con leche, por favor.
-          Bien-dice mientras lo apunta en una mini libreta-. Ahora mismo se lo traigo.-Y también sonríe.
Cuando se marcha, en la pantalla del ordenador ya ha aparecido la foto de inicio (un simple fondo negro) y me pide la contraseña. Tecleo rápido los ocho dígitos. Cuando clico en el Word correspondiente tarda un poco más de lo habitual en aparecer. Me pone nerviosa. Estoy deseando seguir con esta investigación ahora que se pone interesante. Pero cuando me aparece la pantalla llena de letras me quedo en blanco. El barullo de la gente me desconcentra un poco, así que intento relajarme.

Cinco minutos más tarde me traen el café. Lo pruebo. Quema mucho… Lo dejo reposar un rato. Cierro los ojos y dejo la mente en blanco. De repente tengo demasiado calor, aunque me haya quitado la bufanda y la chaqueta. Hace mucho calor… Demasiado. Empiezo a sudar… A sudar mucho. Y mis manos empiezan a temblar.

divendres, 2 d’agost de 2013

NUNCA SEREMOS PERFECTOS

Capítulo 17- Axel- Yo pensaba que sólo era hasta aquí

Si pudiera escoger algo peor que el instituto, creo que sería esto. Al menos allí estoy con mis amigos… Aquí estoy con mis padres, que no paran de hablar sobre cosas aburridas y estúpidas. De vez en cuando me preguntan algo del instituto, aunque muy pocas veces porque no quieren que piense que desconfían de mí. Que imbéciles. Son patéticos.
Entramos en el bar y oigo un ruido enorme que molesta bastante.
-          Hoy parece que hay mucha gente por aquí- comenta cuando llegamos al bar-. Es como si nos hubiésemos puesto todos de acuerdo para venir- Y mi padre ríe, aunque yo no le encuentro la gracia.
-          Sí, no vamos en todo este tiempo y ahora todo el mundo está aquí.- Mi madre también ríe. ¿Dónde coño está la gracia? Porque yo no se lo encuentro a nada de todo esto. A nada.
-          Sí.- Y finjo una risa, pero es la peor risa falsa que he escuchado en mi vida.
Nos acercamos más al bar para buscar una mesa. A primera vista no se ve ninguna.
-          Mira, allí hay una- Pero mi madre siempre encuentra una.
Nos dirigimos allí y nos sentamos. Poco después, se acerca un camarero a tomarnos nota. Mientras piden mis padres me doy cuenta de que tengo los nudillos de las manos llenos de cardenales. Mierda, se van a dar cuenta de que he pegado a alguien. Me escondo las manos en las mangas de la chaqueta.  Joder, esto me pasa por adelantar un día nuestra cita para pegar a Melanie. Si no le hubiese hecho caso a Paula y hubiésemos esperado a mañana…
Tengo que hacer algo, y rápido.


NUNCA SEREMOS PERFECTOS

Capítulo 16- Melanie- Esto sólo comienza

8:00. Con cada minuto que pasa mi desesperación aumenta. Y Mar no contesta. Amanda tampoco. Y a Maia le parece mal que quiera quedarme en su casa a cenar sólo para no hacerlo con mi padrastro. Pero es que ella no lo entiende. No entiende mi desacuerdo. Ella piensa que esta es una nueva oportunidad para que mi madre pueda volver a… “rehacer”. Y comprendo esa opinión. Porque nunca les he contado lo mal que lo pasó mi madre cuando mi padre la dejó. Pasó mucho tiempo llorando y ahora… como si nada hubiese pasado. Me hizo creer que ella aún amaba a mi padre pero que él ya no… Y no quiero. Tuve que consolarla durante todo ese tiempo yo a ella, cuando los papeles deberían haber sido invertidos. Y ahora me lo paga así. Sí. Estoy enfadada porque no me ha dicho nada de esta relación hasta ahora. Yo confiaba en ella, y pensaba que ella también confiaba en mí. No escuchó mis consejos. Pues ya está. Si ella no sigue mis consejos yo tampoco seguiré los suyos. Ya es hora de que no confíe tanto en la gente. Primero Axel, que pensaba que aun podríamos llegar a ser al menos conocidos (aunque todavía no me he rendido en esa batalla), y ahora mi madre, que miente, manipula y no escucha a la gente. Ahora sólo quiero saber el porqué, el porqué de que Axel me vea como me ve, porque yo no le he hecho nada malo. Yo sólo quería solucionar las cosas, y él lo empeoró todo. Y respecto a mi madre… espero que el tiempo lo arregle. Pero esta vez no seré yo la que le perdone, porque yo no tengo nada que perdonar.
Vuelvo a marcar el número de Amanda. Ella lo entenderá. Seguro que si ella estuviese en mi lugar haría lo mismo. Pero no lo coge. Joder…
8:05. Ya mismo nos iremos a la cafetería/bar/lo que le quieran llamar. Alguien pica a la puerta. Por ella aparece la cabeza de Max, el “novio” de mi madre. Por dios, todavía no sé cómo puede estar saliendo con alguien tan joven. Cuando habla parece inseguro y preocupado por mi reacción.
-          Melanie, dentro de un rato vamos a cenar. Ves preparándote. Cuando sean y media te llamo.- Espera a que le conteste algo, pero no lo hago. Me limito a poner los ojos en blanco y a seguir tumbada en la cama mirando el techo.
Creo que no he estado tan enfadada como hoy en toda mi vida. Es que pasan tantas cosas y hay tan poca gente a la que poder contárselo…
En el mismo momento en el que escucho el pequeño ruido que hace al cerrar la puerta saco mi móvil de debajo de mi espalda y vuelvo a marcar el número de Amanda.
-          ¿Melanie?- contesta al cuarto pitido.
-          Amanda tienes que hacerme un favor- digo rápido, con el absurdo miedo a que me cuelgue-. ¿Puedo quedarme esta noche a cenar a tu casa?- sigo explicando- Es que mi madre ha traído a su novio, de unos veinte años como mucho por cierto, y ahora quiere que mi hermana y yo cenemos con él. Y me niego a ir. Joder… lo acabo de conocer y ya quiere que cenemos con él… Y encima tiene veinte años. Joder…
Hay unos segundos de silencio. Me muerdo las uñas. Me siento un poco acoplada, pues me estoy auto invitando, pero estoy desesperada y no tengo otra opción que esta. Pero…
-          Menuda putada… Pero no puedo… Lo siento, Melanie… Mis primos están al llegar porque mi madre les ha invitado a cenar. Bueno, al menos no será la única que sufrirá.
-          Sí, bueno… al menos me sirve de consuelo. Te dejo que tengo que empezar a arreglarme que ya mismo me voy. Adiós y gracias. Hasta mañana.
-          De nada. Hasta mañana, Melanie.
Y cuelgo. Voy a mi armario arrastrando los pies y me cambio la ropa que he llevado para ir al insti, que ha acabado llena de arena después de todo lo que ha pasado, por una limpia. Me peino un poco y me tumbo otra vez en la cama para pensar en el mal rato que voy a pasar.
8:35. Hace frio en la calle. El viento que corre me obliga a subirme aún más la bufanda. Bueno, al menos es una excusa para no hablar con Max. Él tampoco parece que quiera hablar conmigo. Está demasiado ocupado intentando ganarse a mi hermana.
-          ¿Y qué tal te va el colegio, Laia? ¿Tus notas van bien?- la mira, para no mirarme a mí.
Si supiera que en realidad nunca me enfado y que no me gusta discutir tal vez la cosa cambiaria. Pero resulta que si hace falta discutir con él lo haría. Porque enfadada ya estoy.
-          Sí, me va muy bien el colegio- responde ella.
Es lo único que hace. Se limita a contestar las preguntas que le hace, con monotonía en la voz. Pero sé que a ella es fácil ganársela. Cambia de emociones muy rápidamente. Incluso a veces juraría que es bipolar.
Y así todo el camino. Pregunta, respuesta. Pregunta, respuesta. Al llegar al bar ya hemos repasado toda la vida mi hermana, que ya sabía. Pero que Max no, y ahora sí que tiene todas las de ganar si quiere caerle bien a mi hermana.
-          Sí que hay gente hoy por aquí, ¿no?- Dice al entrar. Nadie le responde.- Mira, allí hay una mesa libre. Vamos.
Los sigo. Detrás de él va mi hermana. Detrás de ella, yo. Me siento en frente de él, en la silla más alejada de su presencia. Unos minutos después de estar mirando la carta, llega un camarero.
-          ¿Qué van a querer?-pregunta abriendo su mini libreta.
-          Yo para beber quiero agua y para comer pollo rebozado con croquetas-pide, y de seguida lo apunta.
-          Yo quiero Fanta de naranja y espaguetis a la boloñesa para comer- dice mi hermana alegre.
Noto la cara extrañada de Max al saber que se va a pedir espaguetis para cenar, pero no dice nada. Buena estrategia. Los espaguetis son el plato preferido de mi hermana. Me toca a mí. Creo que yo también voy a comer bien esta noche.
-          Yo quiero Coca-Cola y para comer una pizza 4 quesos.- después de apuntarlo se va.

La pizza creo que es lo más caro de aquí. Pero no importa, paga él.

dissabte, 27 de juliol de 2013

NUNCA SEREMOS PERFECTOS

Capítulo 15- Axel- Mi promesa

Al entrar en mi casa, veo que mi madre ya está poniendo la comida en el plato y mi padre está sacando los cubiertos. Bien, no he llegado muy tarde.
-          Hola- saludo asomándome a la cocina antes de ir a mi habitación a dejar la mochila.
-          Hola, hijo- responden al unísono mis padres.
Cuando vuelvo a la cocina, llega el interrogatorio de todos los días.
-          ¿Cómo te ha ido el instituto hoy, Axel?- empieza mi madre.
-          Bien, como siempre- me limito a contestar yo.
Y, como siempre, comienzan con una pregunta trivial y siguen con las más pesadas de todas. ¿Es que nunca se cansan? ¿Es que se piensan que les voy a contar la verdad? Si se tienen que enterar ya se enterarán. Siempre se acaban enterando.
-          ¿Hoy has tenido algún problema con alguien?- pregunta mi padre, serio, poniendo los cuchillos en la mesa y mirándome fijamente a la vez.
-          No, papá. Sabes que prometí cambiar. Y estoy cambiando. Creí que confiabais en mí- Fingir caras de pena, culpabilidad y preocupación a la vez son mi especialidad. Siempre se la tragan.
-          Lo siento, hijo. Claro que confiamos en ti. Pero es que estamos preocupados.
-          Lo entiendo, papá- Mi rostro no cambia.
Mi madre parece incomoda. Seguro que se siente mal por desconfiar de mí. Ingenuos…
-          Bueno, vamos a comer que si no se va a enfriar la comida- interviene mi madre poniendo los platos en la mesa.
No hablamos durante toda la comida. Los Simpson nos tienen demasiado concentrados. Un trozo de carne a la boca y vistazo hacia la tele. Esa es la acción que repetimos sin parar. Automáticamente. Pero hoy, algo ocurre fuera de lo común. Mi padre habla.
-          ¿Qué os parece si esta noche salimos a cenar por ahí?
Mi madre está inmediatamente de acuerdo con él y no tarda ni un segundo en asentir.
-          Claro. Hace tiempo que no salimos. ¿Qué te parece, Axel?
-          Genial. Estoy deseando ir.
Mentira. Es una puta mierda de idea. La peor. Joder. Ahora me voy a tener que pasar toda la noche con ellos. Adiós a las conversaciones por Whatsapp hasta las tantas de la noche de hoy. Mierda. Hoy que quería arreglar las cosas con mis amigos… Pero no me queda otra opción que aceptar. Si quiero que confíen de nuevo en mi tiene que parecer que estoy interesado en pasar más tiempo con ellos y ese tipo de absurdeces.

Acabo lo más deprisa que puede de comer. Me voy a mi habitación y cojo mi Smartphone. Una solicitud de amistad en Facebook. De Melenie.

NUNCA SEREMOS PERFECTOS

Capítulo 14- Bel- Fuera de allí

-          ¡Bel, ven a comer que la comida ya está lista!- grita mi padre desde la cocina.
Guardo el Word en el que he escrito todas mis observaciones y apago el portátil. Cuando salgo de mi minúscula habitación sólo tengo que dar dos pasos para llegar a la cocina, donde en el centro tenemos una pequeña mesa. Nuestro piso es como una casa de muñecas, no por la belleza, sino por el tamaño. Y lo peor son…
-          Papá, ¿Qué hay para comer?- pregunta Josep, de tres años.
-          Hoy es martes, así que seguro que hay macarrones- se anticipa Marc, de nueve años.
-          Quiero bibi, papá- una vocecilla aguda y una personita con dos mini coletas aparece por la cocina: Sara, de casi dos años.
-          Pues yo prefiero espaguetis- se queja Jack (de siete años) sin dejar responder a mi padre.
Mis hermanos. Están todo el día hablando, discutiendo, jugando… No hay ni un solo minuto de absoluto silencio en esta casa exceptuando mi habitación.
-          Pues hoy hay macarrones para comer- anuncia mi padre con una media sonrisa en la cara.
Jack resopla. Marc y Josep gritan de alegría. Laia no hace nada. Nunca hace nada. Sólo pedir biberón.
Lo peor de mis hermanos es que ninguno compartimos una madre, sólo somos hermano a medias, de mi padre. Menos Laia y yo, somos las únicas hermanas totales de esta casa. Yo fui fruto de cinco años de amor y felicidad, la cual se acabó cuando mi padre se enteró de que mi madre le ponía los cuernos. Marc fue la cosecha de un calentón en una fiesta de los ochenta a la que fue mi padre para “empezar a vivir un poco”. Jack fue… bueno, en realidad nadie sabe de qué fue, excepto mi padre. Apareció un día por casa y nadie preguntó nada. Josep fue el resultado de una “amiguita” que conoció mi padre y que un mes después de tenerlo desapareció de la faz de la Tierra. Y Sara fue, simplemente, la venganza de mi padre. Se acostó con mi madre borracha, le sacó fotos y se las enseñó a su marido actual. Sí, rompieron, pero aun así le salió el tiro por la culata, porque si no ahora no tendríamos a nuestro cuarto hermano. Y lo más sorprendente de todo es que mi padre se ha tenido que ocupar siempre de esos hijos, las respectivas madres nunca han puesto nada de su parte. Y el sueldo de mi padre de la gasolinera no da para mucho, la verdad.
Nos sentamos los seis en una mesa para cuatro. Estamos un poco apretujados, pero después de tanto tiempo resulta hasta cómodo.  En toda la estancia reina un absoluto silencio. Ni la tele, ni mis hermanos lo interrumpe. Sólo mi padre.
-          Esta tardé tendrás que quedarte con ellos, Bel. Tengo que hacer horas extras en la gasolinera. Lo siento.
¿Qué? Yo tenía pensado pasar la tarde con mi investigación, mirando sus perfiles de Facebook y otras redes sociales y sacando más teorías. Ni siquiera pensaba en cuidar a ninguno de mis hermanos. Pero no me conformo en mostrar mis pensamientos solo en mi cabeza.
-          ¿Qué?- Pero me ahorro todo lo otro, pues él no sabe nada de esto y mejor así: pensaría que estoy loca.
-          Lo siento, Bel. Pero para compensar, esta noche te dejará salir con tus amigos. Pero nada de fiestas. Os quedáis a cenar en algún Mcdonald’s y aquí en casa a las doce.
¿Amigos? Él piensa que tengo amigos… Eso son muchos puntos a mi favor, pues así tendré la oportunidad de ir a algún bar o cafetería a seguir con mis investigaciones.
-          De acuerdo.- Y sonrío como si estuviese satisfecha de poder salir una noche con mis amigos.
La comida no se alarga mucha más.
-          Bueno, yo me voy a trabajar ya. Portaos bien, eh, chicos. Estas al mando Bel. Adiós- se despide mi padre, lanzándome una última mirada de “padre confía en su hija”, aunque se nota a mil leguas que no lo hace.
Mis hermanos parece que se han puesto hoy de acuerdo para acabar de comer todos a la vez.
-          Llamadme aburrida, pero nada de gritos, juegos y risas- advierto, cogiendo a Sara en brazos y llevándola a su habitación para meterla en la cuna.
Y a Josep también lo meto en la cama, que eche la siesta por un día. Él se resiste, pero acabo convenciéndolo y empieza a cerrar los ojos. Salgo de la habitación. Lo más difícil me espera aquí. Jack y Marc empiezan a pelearse sobre a qué juego quieren jugar. No reconozco ninguno de los dos que dicen, aun así sé que serán unos juegos chorras. Los intento separar, pero en ese momento mi Smartphone suelta un pitido.
-          ¡PARAD!- grito, y me sorprende la autoridad que tengo en mi casa y la poca que tengo en el instituto.
Voy a mi habitación corriendo antes de que vuelvan a pelearse y leo la notificación de Facebook en voz baja.
-          Tienes una solicitud de amistad nueva-susurro.
¿De quién podrá ser? Apenas tengo un par de amigos en Facebook. Y cuando la abro me quedo helada. De Melanie. La solicitud es de Melanie. Sin dudarlo dos veces le doy a “Aceptar” y de seguida me aparece el primer mensaje suyo.



divendres, 19 de juliol de 2013

NUNCA SEREMOS PERFECTOS

Capítulo 13- Melanie- Para curar heridas: dar tiempo al tiempo

Me levanto, sabiendo que este encuentro con Paula y Axel no se lo voy a explicar a nadie, ni siquiera a Maia y Amanda. Ni a mi madre, eso por supuesto. Se pondría histérica. Y la verdad es que es un motivo bastante aceptable. He estado al borde de la muerte. Y si no fuera por Axel hubiese muerto. Sí, él ha sido quien ha intentado matarme, pero se ha arrepentido y me ha ayudado, eso sin duda es una mejora considerable. Pero quiero olvidar ese imprevisto. Quiero olvidar que he saboreado la muerte con mis propios labios. Y centrarme en una sola cosa: en averiguar qué es lo que Axel dice que he hecho mal, que tipo de error he sido para él. Porque me gustaría dejar este tema zanjado. Quiero que seamos simplemente eso, conocidos, pero no que nos odiemos en nuestras mentes. Porque eso sólo empeora todo y lleva a situaciones como esta. Pero todo pasa cuando tiene que pasar. Y en este momento y después de lo que ha pasado ahora nada se va a arreglar hoy. Así que mejor esperar.
En el camino hacia mi casa escucho gritos lejanos. Los ignoro. Últimamente en este barrio se está acumulando la mala gente. Pero que se le va hacer, espero que se vayan pronto… Sin embargo, la gravedad de que los canis se reúnan cerca de mi casa no tiene nada que ver con la situación que encuentro en ella. Cuando abro la puerta escucho… tres voces. ¿Tres? La de mi hermana, la de mi madre y… ¿la tercera de quién es? Cierro la puerta lentamente, sin hacer ruido, y avanzo por el pasillo de puntillas. ¿Quién es? Entro al salón ya normal. Pero mi estado de ánimo no es que sea normal cuando veo lo que hay allí.
-          Hola…- saludo insegura con la vista fija en el hombre desconocido que está sentado en el sofá, al lado de mi hermana, que está envuelta en lágrimas.
El hombre, bueno, si se le puede llamar hombre, porque estoy segura de que de los veinte años no pasa, parece incomodo, y mi madre preocupada. Yo estoy desconcertada. ¿Qué está pasando? Aunque no hace falta que me lo diga nadie. Ya sé lo que está pasando aquí, y no me gusta nada. Aun así, mi madre se empeña en presentármelo. Se acerca a mí y me pasa un brazo por la cintura.
-          Hola, hija…- me saluda mientras se dirige a mí, con una sonrisa falsa que tampoco me gusta.
La estancia está en una tensión que en cualquier momento todo se podría desmoronar. Y los llantos desconsolados de mi hermana no ayudan mucho. Miro al chico con cierto odio. Es guapo. Es guapo y joven. Él me mira con preocupación e inseguridad. Aun así no cambio el tono de mi mirada.
-          Este es Max, Melanie, y… es mi pareja.- La voz de mi madre es insegura, y tiene muchas razones para serlo.
Ya sabe cómo me afectó su separación. Sabe que estuve un mes llorando, un llanto como el de mi hermana, que nadie supo consolar. Sabe que al fin conseguí un poco de paz en el segundo mes, pero que tan sólo me limito a intentar olvidar y a ignorar todo lo que esté relacionado con ese tema. Sabe bien que solo han pasado dos meses de su separación y que va demasiado deprisa. Sabe que este es un tema delicado. Sabe que tiene cuarenta y cinco años y que el chico al que me acaba de presentar apenas tendrá veinte justos. Lo sabe todo muy bien. Sabe que esto es un pilar de cristal con una base fina como un alfiler y que ella acaba de pegarle una patada, y que los cristales salen disparados hacia todas partes, dañando y destruyendo todo lo que encuentran a su paso.
Mi mirada de odio se intensifica. Él parece preocupado aún más. Mi madre muestra la misma emoción que él. No obstante, cuando recibo la próxima noticia, mi odio empieza a filtrarse por mis palabras.
-          Se va a quedar un tiempo a vivir aquí, Melanie- prosigue mi madre-. Se ha quedado sin trabajo y no puede pagar el alquiler de su piso. Ya sabes cómo están las cosas ahora y…- pero se calla cuando la interrumpo.
-          Pues que se vaya a vivir con sus padres. Total, debe hacer unos años que cumplió la mayoría de edad, ¿no? No creo que sus padres le tengan mucho rencor.
“Max” parece dolido. Mi madre decide ignorar mi comentario. Y yo creo que es la primera vez en toda mi vida que estoy enfadada de esta manera.
-          Ya sabes cómo están las cosas ahora y hasta que encuentre un trabajo se quedará aquí.
Yo sigo con mi postura. No me puedo creer que mi madre se haya olvidado tan rápido de mi padre. Que yo sepa, las personas que siguen amando no tienen pareja a los dos meses de su ruptura. Y más habiendo compartido veinte años de casados y dos hijos.
-          ¿Y dónde piensa dormir? Porque en esta casa no sobran camas. Y parece más mi hermano que mi padrastro, así que sería extraño que durmiese contigo, ¿no crees?
Mi madre parece más molesta con este comentario. Max simplemente observa la situación desde el sofá, como un cachorrito herido.
-          Melanie. Sé que es difícil y que es un cambio repentino, pero tendrás que acostumbrarte. Ah, y mañana por la tarde iréis al cine con él. Tu hermana, él y tú. Yo hoy estaré trabajando hasta tarde porque se me ha acumulado la faena, así que tendréis que cenar sin mí. Así lo iréis conociendo.
Mi hermana sigue llorando y me estresa. Esta situación me supera.
-          Eso no te lo crees ni tú. Yo no voy a ir a ningún lado con ese. Que te engañe a ti, porque está claro que está contigo por el interés, pero a mí no. Yo no soy tan ingenua como tú. Y si crees que he olvidado ese papel que interpretaste cuando papá te dejó, ese de la pobrecita que le han dejado y no encuentra consuelo, te equivocas. Lo recuerdo y ahora sé que todo era mentira. Así que iros tú y tu… hijo, porque eso es lo que parece, a otra parte y dejadnos en paz a nosotras.- Cojo a mi delgaducha hermana de siete años en brazos y me la llevo a mi habitación.

Allí lloramos las dos. Ella porque sabe que nuestros dos padres de verdad nunca van a estar juntos otra vez y yo, que ya sabía eso hace mucho tiempo, por todas las mentiras de mi madre que creí en su momento y por no interesarse por nosotras y preocuparse sólo por ella. Pues lo tiene claro si cree que voy a ir a alguna parte con el tío ese.

NUNCA SEREMOS PERFECTOS

CAPÍTULO 12-AXEL- Todo lo que viene, va.

Cuando ella despierta me quedo exhausto. Veo como recobra el aliento y me mira sorprendida, aunque no sé si es por ser yo el que la salva o por el susto de estar al borde de la muerte. No importa. Qué más da. Lo importante es que no nos van a meter en un centro de menores y mi conciencia está tranquila…, sí, eso es lo importante. Me levanto y me doy la vuelta rápido, para que deje de mirarme. ¿Es que tengo monos en la cara?
-          Axel…- susurra su voz a mis espaldas.
Joder… Ya está, le he salvado la vida y punto. No tiene por qué hablarme. Que haya sido yo el que la haya salvado no hace que tenga más derecho a dirigirme la palabra. Así que la ignoro y empiezo a caminar hacia el otro lado de la calle. Será mejor que vaya a casa, porque como vuelva tarde mi madre va a sospechar algo. Le prometí que no volvería meterme en líos y… ojos que no ven, corazón que no siente… Pero, por desgracia, otra puta vez, está la asquerosa de Melanie hablándome.
-          ¡Axel!- grita esta vez, ya que me he alejado un poco de ella y con el susurro de antes no le bastaba.
Me saca de mis casillas. Esa irritante voz hace que me altere.
-          ¿¡QUE QUIERES JODER!?- me vuelvo hacia ella, dando unos pasos adelante, pero aun así estamos a unos ocho metros de distancia.
-          ¿Por qué me has salvado si unos segundos antes has intentado matarme?- Bien, una preguntita fácil de responder.
Me acerco dos pasos más, aun así grito como nunca había gritado, lleno de ira.
-          ¿¡QUIERES SABER POR QUE TE HE SALVADO, EH!? ¡PARA SALVAR MI PUTO CULO Y EL DE MI AMIGA! Porque…- me calmo un poco, pero el sentimiento es el mismo, aunque con una pizca más de odio- Porque si crees que voy a tirarlo todo por la borda por una imbécil como tú te equivocas, ¿vale? Así que te quede claro, no te quiero volver a ver en mi vida, fuimos amigos una vez y todo se acabó, ¿de acuerdo? Fuiste el mayor error de mi vida. ¡TU!, me destrozaste la vida y ahora que he recuperado algo que tendría que haber sido mío siempre no intentes hacerte la buenecita para intentar arreglar cosas que ni en un millón de años podrían ser arregladas, ¿te queda claro? Te lo advertí, zorra, y no te lo pienso advertir nunca más. ¡VETE YA, JODER, VETE!- Y directamente me vuelvo a girar y esta vez empiezo a correr.
Ya no vuelve a hablar. Bien, mensaje captado. Aun así no paro de correr. Corro por irme de aquí antes de que Melanie vuelva a hablar y me arrepienta de haberla salvado; por llegar pronto a casa. Aunque un noventa por ciento es por lo primero. Vuelvo la esquina y aunque girara la cabeza ya no la vería. Uf… Que pesada es la estúpida esa. Ahora, en cambio de correr, ando rápido. Me dirijo a mi casa, a unos diez minutos de aquí. Mi madre no notará nada y, si pregunta, le diré que me he entretenido hablando con Paula y listo.
Entrecierro los ojos. Me parece ver unas sombras allí a lo lejos. Se acercan. Al principio no distingo quienes son. Cinco personas, creo. Sí, cinco indudables y reconocibles personas. Se acercan a mí corriendo. El que va en cabeza es David. Detrás de él va Alicia. Y un poco más atrás, corriendo más despacio, Jonah, Laura, Mario y… ¿Paula? ¿Qué hace Paula con ellos? ¿Con David? Me quedo donde estoy y entrecierro los ojos para asegurarme de que es Paula. Sí, es ella. Sigo sin caminar. Espero a que ellos vengan, aunque esa no sea la mejor opción, pero no quiero parecer un cobarde.
Los ojos de David me escrutan el rostro a medida que se acerca. Hay fuego en sus ojos y odio en su mirada. Está muy enfadado, sin ninguna duda. Aún no hago nada, no me muevo, me limito a cruzarme de brazos y a esperar ahí, cansado ya de toda esta tontería. Espero el empujón y todo el bla,bla,bla.
-          ¿Pensabas que te habías escapado? ¿Qué todo se acabó cuando vino mi madre? ¿¡LO CREIAS, HIJO DE PUTA!?- grita mientras me intenta dar un puñetazo en la mejilla, pero lo esquivo por los pelos.
¿Todavía sigue con el temita de su novia puta?
-          ¿Todavía sigues con eso?- le pregunto, con una irónica sorpresa- ¿Todavía no te has dado cuenta de lo puta que es tu novia?- acabo, con una sonrisa satisfecha e irónica a la vez.
Se ha enfadado aún más. Que estúpido que es. No entiendo cómo se atreve a intentar pelearse conmigo mientras está Paula delante. A Jonah, Mario y Laura les caigo bien. Y Alicia es de las que miran, así que no hay nadie que le pueda ayudar. En cambio, Paula es de las que pelean y con ganas, así que seremos dos contra uno. Tengo todas las de ganar. Así que puedo disfrutar un poco más con esto.
-          Sí, Alicia, díselo, dile como disfrutaste con mi beso. Que se entere de cómo eres. ¿Cuánto vas a tardar en dejarlo? ¿Un día más? Bien, así podrás chupar en otra parte, ¿no?  
Alicia no habla, David no le deja. Así que se limita a levantar el dedo corazón mientras David vuelve con una ira aún más remarcada en sus palabras.
-          ¡ERES UN HIJO DE PUTA!- Y me coge del cuello de la camiseta, aunque yo todavía no retiro mi sonrisa de la cara.
El resto de personas que venían por detrás de David y Alicia llegan. Ya está, David lo tiene todo perdido.
-          ¡PEGALE FUERTE, DAVID!- grita… ¿Paula?
Pero… No hay ninguna duda, la que ha gritado es Paula. Y David le hace caso. Me pega un puñetazo en la frente que me tira al suelo. Me sigue dando patadas. No reacciono. Laura, Mario y Jonah le siguen el juego, gritan también contra mí.
-          ¡Sí, venga, dale lo que se merece al cabrón ese!- grita Mario.
-          ¡Si, venga!-sigue Laura.
-          ¡Haber si se atreve otro vez a llamar puta a Alicia!- termina Jonah.
Los cuatro siguen gritando. Y David responde a cada uno de ellos. Hasta que se cansa y suelta un grito de victoria y se va saltando junto a sus demás amigos, los que antes eran míos, antes. Pero Paula, aún sigo confuso... Pero está claro que quiere sacarme esas dudas de la cabeza ya, porque se acerca y, con el mismo odio que David, susurra en mi oído:
-          Ya no eres nadie, Axel. Todos se han vuelto contra ti, y no puedo arruinar mi reputación, así que adiós.